Constantemente escuchamos hablar sobre la importancia de la autoestima. Sobre el apreciar la personalidad propia de manera de encarar la vida en general. Una persona con baja autoestima se suele considerar como una persona que se siente desvalorizada. Esa percepción se origina de cómo se interpreta generalmente la autoestima, como la valoración positiva de uno mismo, una opinión emocional que tenemos sobre nosotros mismos, sobre nuestros rasgos físicos, nuestras aptitudes y nuestras capacidades mentales y espirituales.
En el campo de la psicología, suele considerarse la autoestima como una forma del ser humano de protegerse del entorno porque comprobado está que una baja autoestima causa para el individuo que la sufre, problemas que afectan sus relaciones con otras personas, su productividad y su salud. Sobretodo porque una persona con una buena auto estima se siente ya valorizada por si misma, y no se influye por la percepción que tengan los demás de ella, y eso le permite ser más positiva y más efectiva en alcanzar las metas que se propone a nivel personal y profesional.
Aunque una excesiva autoestima se considera una actitud «narcisista» que desvirtúa los logros de quien la padece, importante es tener en cuenta que la autoestima como cualquier otra faceta de la personalidad y como ocurre con los hechos de la vida, debe ser equilibrada, porque tanto como tener una excesiva autoestima como carecer de ella, son condiciones que afectan el libre relacionarse y dificultan la felicidad de quien se encuentra en uno de estos casos.


