La autoestima y su importancia

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Constantemente escuchamos hablar sobre la importancia de la autoestima. Sobre el apreciar la personalidad propia de manera de encarar la vida en general. Una persona con baja autoestima se suele considerar como una persona que  se siente desvalorizada. Esa percepción se origina de cómo se interpreta generalmente la autoestima, como la valoración positiva de uno mismo, una opinión emocional que tenemos sobre nosotros mismos, sobre nuestros rasgos físicos, nuestras aptitudes y nuestras capacidades mentales y espirituales.

En el campo de la psicología, suele considerarse la autoestima como una forma del ser humano de protegerse del entorno porque comprobado está que una baja autoestima causa para el individuo que la sufre, problemas que afectan sus relaciones con otras personas, su productividad y su salud. Sobretodo porque una persona con una buena auto estima se siente ya valorizada por si misma, y no se influye por la percepción que tengan los demás de ella, y eso le permite ser más positiva y más efectiva en alcanzar las metas que se propone a nivel personal y profesional.

Aunque una excesiva autoestima se considera una actitud «narcisista» que desvirtúa los logros de quien la padece, importante es tener en cuenta que la autoestima como cualquier otra faceta de la personalidad y como ocurre con los hechos de la vida, debe ser equilibrada, porque tanto como tener una excesiva autoestima como carecer de ella, son condiciones que afectan el libre relacionarse y dificultan la felicidad de quien se encuentra en uno de estos casos.

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La edad no define nuestra personalidad

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Durante la larga historia de la humanidad, se ha aceptado como un hecho, el erróneo de que a medida que crecemos vamos madurando y cambiando nuestra personalidad, es cierto que ocurre en algunos aspectos, la madurez y la edad no son esencialmente algo que se combine, ahí está lo erróneo de nuestra percepción. Algunas personas modifican actitudes de la juventud cuando llegan a los 30 años y otras, sorprendentemente, se muestran muy sensatos y hasta controlados sin llegar a la veintena, no somos maduros porque los años nos confieran tal cosa, somos maduros tanto como lo decidamos por nosotros mismos.

Cuando admitimos las cosas que sabemos que entorpecen nuestro crecimiento personal, estamos dando una muestra de nuestra personalidad y cuando  hacemos algo por mejorar las que debemos mejorar, confirmamos que en alguna medida nuestra personalidad ha madurado para confrontarnos con nuestros errores y tomar decisiones en nuestro favor para cambiar y mejorar. Ahí estriba la madurez, y no importa la edad que sea, reconocer que podemos cambiar y que lo hacemos por nosotros mismos, y que además somos humanos y por ello mismo nos equivocamos. Podemos ser maduros siendo jóvenes y podemos como en muchos casos, ser totalmente irresponsables siendo muy adultos.

No hace falta acumular hojas en el calendario, para pensarnos en adquirir madurez, algunas veces ocurre naturalmente otras debemos trabajar en ello, lo único cierto es que es una decisión personal de la que estamos claros, cuando vemos las cosas que afectan nuestros logros, las que nos dejan rezagados en los retos profesionales, los que nos hacen tener malas relaciones y fracasar en la vida personal, es cuando debemos reconocer que nos hace falta un cambio y ese cambio implica la madurez que ya hemos dicho supone reconocer nuestras fallas y trabajar para superarlas siempre…una tarea de toda la vida.

Secretos para ser felíz

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Durante mucho tiempo, el hombre ha buscado en su entorno una fórmula secreta que le permita disfrutar de la felicidad, como si aquella se pudiera encontrar en algún lugar y no fuera lo que suele ser, algunos momentos que se deben disfrutar cuando llegan y asumir que la misma en gran medida no es resultado del todo, de nuestras propias decisiones, pero que sí podemos trabajar en el sentido de lograrla. Trabajar para alcanzarla cuando es posible y como hemos dicho, asumir que algunas veces pese a nuestro empeño puede ser evasiva.

Una forma de trabajar para conseguir la felicidad, es asumir que somos humanos y que como tales podemos cometer errores que nos alejen de ese estado en que solemos sentirnos cómodos con nosotros mismos, sin sobresaltos y que se considera «feliz». Pero cometer errores no debe ser una forma de justificar la falta de felicidad, porque también podemos no sentirnos felices porque solemos sentirnos frustrados y eso muchas veces se deriva de imponernos metas y expectativas sobre las cosas y sobre las personas más allá de lo que es posible. La excesiva exigencia sobre nuestras vidas, el perfeccionismo que nos esclaviza puede alejarnos del estado de calma y felicidad que anhelamos y muchas veces sin darnos cuenta.

Esos secretos para ser feliz, no son algo que represente novedad o resulte algo sorprendente, son solo pequeños cambios o formas de pensar que debemos asumir en la vida para comprender que lograr la felicidad tampoco es algo que se logra un día, hay que trabajar para lograrla cada día y a partir de ahí podremos experimentar ese sentimiento que nos mueve a pensarnos que no necesitamos más.

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